Entrevista: Man o Matic

Por Julio del Campo Gómez // 04/07/16

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El artista onubense Man o Matic revoluciona el arte, sus f¡graffitis están dando la vuelta al mundo. Julio del Campo Gómez tuvo el placer de entrevistarlo hace unos días. Os dejamos la entrevista, disfrutenla!!

¿Crees que el graffiti ha logrado hoy día trascender sus orígenes como manifestación contracultural para alcanzar un lugar propio dentro del arte contemporáneo institucionalizado?
 
Me gustaría empezar hablando acerca de los inicios del graffiti tal y como entendemos hoy día esta palabra, ya que se trata de un término que tiene muchas connotaciones. Hablando de los orígenes del graffiti en Estados Unidos, habría que comentar que todo comenzó cuando un transportista fue poniendo su firma allá en los sitios a donde iba. A partir de entonces fueron creándose grupos de chavales que empezaron a firmar también, existiendo con esas firmas una especie de competición entre ellos para conseguir una caligrafía más bonita y embellecer estas firmas con colores y rellenos. Fue en aquel momento una evolución un tanto competitiva, pero competitiva en el buen sentido de la palabra. No fue sino hasta más tarde cuando se empezó a ver el graffiti como algo artístico y contracultural, ya que en un primer momento sus creadores no lo concebían como una manifestación artística. El graffiti, tal cual yo lo entendido, ha ido evolucionando cada vez a más y mejor por esa necesidad del ser humano de ir siempre más allá. Y ha ido mejorando hasta el punto que conocemos hoy, momento en el que se crean incuestionables obras de arte.
 
Por otra parte, habría que distinguir el graffiti y el arte urbano en su conjunto. El graffiti en sí es algo que todavía no ha entrado realmente en los museos. Solamente aquella parte del graffiti que ha ido derivando a una vertiente más exclusivamente artística es la que sí se ha traído al museo y a las instituciones. Existe, por tanto, una clara diferenciación entre los artistas del mundo del graffiti y los creadores que trabajan el muralismo en espacios abiertos. Es esa concepción que mantienen los graffiteros con respecto a su obra, independiente y contracultural, lo que se puede decir que constituye el núcleo de donde partió la cultura urbana vinculada al graffiti que hoy día conocemos.
 
Actualmente hay artistas que únicamente pretenden realizar graffitis, sin interesarse por otras manifestaciones de arte urbano. Pero además de ellos, hay personas que tienen también otros intereses e inquietudes y que, estando asimismo dentro del mundo del graffiti, compaginan una vertiente más artística con su posición más o menos fuera de la cultura institucionalizada. Existe también una ortodoxia dentro del graffiti, una serie de normas no escritas pero muy establecidas. No obstante, esto no ha impedido a algunos creadores evolucionar y buscar su propio camino, entrando incluso dentro del ámbito de instituciones como los museos. Y esto gracias en buena medida a que su calidad plástica es equiparable a la de artistas procedentes del mundo académico.
 
Desde mi punto de vista, además de los estudios de bellas artes es importante que el artista se forme por su cuenta y dedique años de su vida a evolucionar. El propósito de esto es que pueda haber una mezcolanza de diferentes tipos de artistas, con diferentes ideas sobre el arte y de hacia dónde quieren ir. ¿Una simple firma pintada en la calle podría ser una obra de arte? Pienso que depende del punto de vista en el que te sitúes. Tal vez desde la perspectiva de un galerista de arte no lo sea, pero sí puede serlo para los graffiteros que crean en la calle y manejan sus propios códigos. Por tanto, pienso que es importante ver esa pluralidad de criterios y, si hablamos del museo en sí, advertir que, a pesar de todo, el graffiti ha logrado abrirse paso en este espacio con todas las garantías de éxito.


¿Cuáles son tus principales referentes en el mundo del graffiti y de qué manera crees que han influido en el desarrollo de tu personalidad artística?
 
Cuando me inicié en el mundo del graffiti mis referentes procedían en gran medida de Sevilla, siendo Logan uno de mis mayores referentes. Yo di mis primeros pasos en el mundo del graffiti creando personajes. De hecho, incluso antes de empezar a pintar graffitis ya pintaba personajes y Logan también lo hacía. Veía muchísimas obras suyas que eran espectaculares y tenían unas características muy personales. Sin duda, su vida es el dibujo y esto se ve claramente en su obra.
 
Más tarde, cuando pude comprar algunas revistas especializadas y ampliar mis referencias, intenté seguir dentro de mis posibilidades a Rock Star, un graffitero que también pintaba personajes, pero con unos volúmenes muy cercanos a las tres dimensiones. En sus orígenes las posibilidades de las 3D me llamaron muchísimo la atención, en una época en la que se veía más esa conexión de tales creaciones audiovisuales con el mundo del cortometraje, de la fantasía y la ilusión, y no tanto como productos comerciales. Asimismo, comenzó a llamarme la atención el trabajo de escritores de graffitis como Okuda, principalmente sus primeras creaciones, caracterizadas por el dibujo de letras tridimensionales en un estilo muy impactante.
 



Años después, gracias a Internet pude conocer a autores de otros países. Uno de ellos fue Daim, un escritor alemán en cuyas obras se aprecia una gran evolución artística. Asimismo, también pude acercarme a la obra de la agrupación de escritores Maclaim, entre cuyos méritos se encuentra el haber difundido mundialmente el graffiti de estilo hiperrealista. En este sentido, hay que señalar que el hiperrealismo en el graffiti se debió tanto a la labor de este grupo como a la introducción de mejoras en los botes de spray en aquellos años, pues el sistema de alta presión usado con anterioridad hacía mucho más compleja la ejecución de cualquier tipo de efecto y detalles en las obras. Asimismo, pude conocer a Belin, un graffitero de Linares que hoy día trabaja a nivel mundial, llevando el hiperrealismo en el graffiti a su máxima expresión. Desde mi punto de vista, Belin supone hoy día la máxima calidad en este estilo.
 
Fuera del mundo del graffiti, a lo largo de mi trayectoria me llamó la atención artistas como Caravaggio, llegando a versionar en graffiti algunas de sus obras. Sin embargo, no soy una persona especialmente interesada en la historia del arte, ya que mis inquietudes artísticas siempre tuvieron otra búsqueda. Me introduje en el mundo del graffiti y conocí graffiti, debido fundamentalmente al interés que suscitaba en mí la calidad estética, la disposición de los colores, así como la grandísima libertad creativa que yo veía en este tipo de creaciones artísticas. Tengo que decir que Sevilla ha tenido durante mucho tiempo una grandísima calidad artística dentro del mundo del graffiti, cosa que creo que ha ido desvaneciéndose en los últimos años.
 
Muchas de tus obras no sólo despiertan un interés que ha rebasado las fronteras de nuestro país, sino que además logran conectar con la sensibilidad del gran público, de personas que en muchas ocasiones son ajenas al mundo de los graffitis y al arte contemporáneo en general. ¿Consideras importante que en nuestra sociedad el arte no se conciba únicamente como algo distante del sentir y las aspiraciones de la mayor parte de la gente?
 
Las obras que yo actualmente realizo, llamémosle realistas o hiperrealistas, son creaciones que en el mundo en el que estamos viviendo se entienden muy bien, pues estamos acostumbrados al mundo de la imagen, al mundo de lo audiovisual. Cualquier persona que ve mi obra rápidamente puede calificarla y decir si está bien o mal ejecutada, pues reconocen lo que están viendo y su semejanza con la realidad, de ahí la popularidad que han alcanzado algunos de mis trabajos. No obstante, no quiero limitar mis obras a esa estética hiperrealista, sino, a través de ella y a través de esa vía de comunicación abierta a cualquier tipo de público, poder transmitir algo más, ya sea un mensaje o una sensación anímica.
 
Personalmente me gusta la comunicación y no la encriptación, pues entiendo que las obras deben llegar al espectador El arte debe llegar, debe comunicar y, si no lo hace, desde mi punto de vista no es válido, independientemente de la valoración de un grupo reducido de estudiosos o críticos de arte. Si bien es cierto que las personas acostumbradas al arte pueden experimentar sensaciones mucho más amplias gracias a la formación y sensibilidad que poseen, considero que existen ciertos círculos de artistas y personas cercanas al arte a las que les gusta que haya diferencias o distinciones sociales entre unos y otros en base al conocimiento de una serie de códigos que la sensibilidad popular no comparte. Ahora bien, también hay personas a las que simplemente les interesa mucho la cultura y les gusta disfrutar tanto de lo más encriptado como del arte más llano y popular. Desde luego, para mí lo interesante como artista será siempre comunicar y llegar al máximo número de personas.
 


Es frecuente que en tus graffitis aparezcan representados tanto personajes y elementos propios de la cultura popular contemporánea como imágenes que suponen una revisión y reformulación de obras artísticas del pasado. ¿Hasta qué punto crees que resulta enriquecedor establecer este diálogo entre el arte de otras épocas y las formas de expresión plástica propias del momento presente?
 
En el momento en el que llegué al antiguo Mercado del Carmen empecé a pintar en estilo hiperrealista. Posteriormente se me ocurrió ir un paso más allá y dignificar el arte del graffiti en Huelva de la manera que para mí resultaba más interesante: versionando obras clásicas. Mi interés era hacer del mercado antiguo un museo al aire libre que, al mismo tiempo, constituyera una contestación a aquellas personas que pudieran negar la validez del graffiti como forma de expresión artística.
 
Más adelante busqué la conexión con el público retratando a personajes famosos, para que todo el mundo pudiese también hacer una valoración técnica de mi obra en base a su verosimilitud. Este fue en parte el propósito de retratar a Stalone en su personaje de Rocky, aunado en este caso a un mensaje que va más allá. Mi intención en este graffiti fue al mismo tiempo representar que, más allá de los estereotipos y las diferencias de género, todas las personas tenemos una parte masculina y femenina. En esta obra utilizo un personaje procedente de la acción clásica para derribar los mitos construidos sobre la masculinidad y poder descubrir la sensibilidad que hay detrás de todo ser humano.
 
Hoy día mi interés no se centra tanto en el retrato, pues considero que es importante evolucionar y evitar quedar estancado en un determinado género Tampoco me interesa convertirme exclusivamente en un retratista de lo popular. Creo que es importante ir cerrando etapas en mi carrera artística, las cuales poder retomar más adelante.
 
En tu producción artística se aúnan el hiperrealismo en la representación de figuras y rostros humanos con la creación de metáforas visuales de gran poder expresivo. ¿De qué manera consigues esta integración entre forma y contenido? ¿Sueles pensar primero en el mensaje que deseas transmitir y posteriormente buscas una imagen adecuada a tal fin o, más bien, sucede al contrario o de manera simultánea?
 
Cuando voy a realizar una obra en la calle, siempre llevo el trabajo preparado desde casa, sabiendo de antemano lo que voy a plasmar. Por otro lado, tengo dos intereses claros en mis trabajos. Uno es la parte estética, que me parece muy importante, y otro la parte conceptual de la obra, que considero como el aspecto moral del proceso artístico. Quiero decir que, si tengo la suerte de tener una vía de comunicación para llegar a la gente en las calles, me parecería mal utilizarla de una manera lesiva para la sociedad o querer sacarle provecho personal sin retribuir a la sociedad que está manteniendo esos muros donde pinto. No me parecería apropiado utilizar esa vía de comunicación si no es para el beneficio de la sociedad. Creo que no hay que hacer caso omiso a la responsabilidad moral que uno tiene cuando está trabajando en un espacio público.
 
Por este motivo, mi trabajo como graffitero lo entiendo tanto desde su aspecto artístico como desde su aspecto social. Uno tiene que darle al espectador algo más que simplemente el “mira qué bien lo hago”. Es importante para mí lo estético, es importante que lo estético sea lo más impactante posible para abrir el canal de comunicación con respecto a la persona que lo ve y, finalmente, para mí es indispensable que el uso del espacio público revierta en el espectador de una manera positiva.
 
El carácter efímero de tus obras, expuestas a la intemperie, constituye un hecho inherente al graffiti como arte urbano. No obstante, ¿nunca te has sentido desalentado asistiendo al proceso de destrucción de tus creaciones?
 
Lo bonito del arte urbano, del arte en la calle, es que las obras tienen un inicio y tienen un fin. En la vida de un ser humano este proceso lo ves muy corto, pero a la vez genera esa poesía, esa metáfora de que hay que disfrutar de las cosas mientras pervivan y también que hay que amar y disfrutar de las cosas incluso cuando no están en sus mejores condiciones, a pesar de que actualmente predomina la idea de que lo bello y lo bueno es lo joven y lo viejo no tiene valor.
 
La perdurabilidad de los graffitis siempre ha sido a través de la fotografía y hoy día, gracias a Internet, las obras pueden de alguna manera perpetuarse. Sí que es verdad que con el tiempo deja de disponerse de la obra original en la calle, que evidentemente es diferente a las imágenes que fueron captadas de ella y subidas a una web. Pero creo que los graffiteros no deberíamos tener tanto amor propio en ese aspecto. Simplemente hay que aceptar que las obras no duran para siempre y no pasa nada por ello.
 
Sin embargo, es cierto que muchas veces el carácter efímero de los graffitis condiciona su calidad final. Yo particularmente tengo un tope de calidad que tengo que asumir para juzgar que un trabajo mío está acabado. Si considerase mis obras como algo que debe perdurar mucho más en el tiempo quizá el tiempo que invierto en ellas, que normalmente está en torno a las 15 ó 20 horas, podría duplicarse o triplicarse. Creo que se trata de algo común al resto de los artistas que trabajan en la calle. Sabiendo que los graffitis no van a durar indefinidamente no inviertes en ellos todo el tiempo que quisieras, pero, por otro lado, creo que eso mismo aporta también bastante frescura a la obra.
 
Algunos de tus trabajos evidencian tu interés por el formato colosal. ¿Obedece esto únicamente a una búsqueda de adecuación en las dimensiones de tus obras a los espacios urbanos disponibles o, por el contrario, concibes su tamaño como un elemento expresivo susceptible de reforzar un mensaje o idea?
 
Pienso que esta cuestión puede verse desde distintos puntos de vista. Una obra porque sea de más tamaño no tiene por qué ser de más calidad, aunque sí es cierto que el impacto que genera en el espectador una obra de grandes dimensiones puede ser superior al impacto generado por una obra de menor tamaño, aunque no necesariamente. Si tuviese posibilidad, casi siempre pintaría en muros enormes, pero tampoco se trata de algo imprescindible para mí, pues considero que lo importante en mis obras es el mensaje que le llegue a la gente. Actualmente está de moda el muro grande y cuando tienes posibilidad económica de pintar a gran escala a la mayor parte de los graffiteros les gusta aprovecharla.

Por otra parte, también es verdad que la comunicación de la obra hoy día se realiza fundamentalmente a través de las redes sociales, ya que no todo el mundo dispone del tiempo y los recursos necesarios para desplazarse a ver los graffitis. Cuando el espectador ve las obras a través de un televisor, el monitor de un ordenador o, incluso, la pantalla de un teléfono móvil, la dimensión que tenga es lo de menos. Incluso podría decirse que las obras de mayor tamaño desmerecen, pues es posible que haya una gran cantidad de detalles en ellas que se pierden al reducirse su escala. ¿Hasta qué punto resulta entonces más interesante pintar obras grandes o pequeñas? Creo que lo importante es hacer buen uso de los recursos que tengas a tu disposición en cada momento.


 
Para terminar la entrevista, nos gustaría que nos comentaras hacia dónde enfocas actualmente tu carrera como artista y cómo fue tu experiencia pintando en el festival de arte urbano celebrado en Murcia
 
Desde hace ya algún tiempo estoy buscando salir del espacio en el que me he movido en los últimos años, de la zona de confort en la que hoy día me encuentro y pintar en otras partes. Es verdad que, en cierta medida, no es decisivo el lugar donde pintes si, como decía anteriormente, tus obras van a difundirse sobre todo en Internet. Sin embargo, me resulta interesante emprender mi propio camino y viajar con mi arte. Habitualmente viajo bastante poco, pues el hecho de viajar por viajar no es algo que me llame la atención, lo que me motiva es viajar para poder realizar un proyecto allí donde pueda surgir la posibilidad. Hasta ahora me he preocupado por formarme como graffitero y aumentar mis capacidades plásticas y, ahora que las tengo, no me interesa tanto el mundo de las galerías de arte como desplazarme para conocer mundo y dejar una semilla en cada sitio. No solamente una semilla artística, sino una semilla también como persona, poder exportar mi forma de ser a otros y que ellos a su vez me cambien también a mí y disfrutemos esta posibilidad de cambio, de expansión y ampliación de nuestras realidades. Cuando visitas otros lugares surge además la magia de querer seducir a nuevos espectadores y que ellos a su vez te seduzcan también a ti y esto contribuye a querer esforzarme más y progresar como artista.
 
El Festival de Arte Urbano Museo Mar Menor celebrado en Murcia surgió desde una idea en la que se viene trabajando últimamente en determinados puntos de España. Consiste en reunir a numerosos artistas en una misma zona para que sus obras la conviertan en un lugar atractivo para el turismo y esto, a su vez, repercuta en la economía local. En esta ocasión hemos sido 41 artistas internacionales y, según mi experiencia, el nivel de los trabajos realizados ha estado muy por encima de lo que es habitual en festivales dedicados al graffiti. Además, no todos los artistas eran graffiteros, sino que había también creadores provenientes del mundo del muralismo, así como gente que trabaja con las últimas tendencias en arte urbano, como es el caso de los papeles pintados. Ha habido una conexión muy buena y multidisciplinar, además de que los responsables del festival han sido muy buenos anfitriones.
 
En definitiva, me gusta que mi obra esté en la calle y que no tenga nombre en la mayor parte de las ocasiones y me gusta seguir con esa misma esencia. Sin embargo, estoy abierto al cambio, independientemente de los gustos de unos u otros. No es posible contentar a todos, pero creo que lo importante es trabajar a gusto con uno mismo, pues es entonces cuando mucha más gente podrá disfrutar de tus obras. Cuando uno está a gusto y feliz hace feliz al resto.

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Julio del Campo Gómez

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Titulo: Kumara
Autor: Man o Matic

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