Cuatro momentos estelares de la historia del arte y la tecnología

Por José Antonio Chacón Núñez // 26/10/15

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Etimología de Tecnología: compuesta de las palabras griegas 'tekne' (τεχνη) arte, técnica u oficio y 'logos' (λογος) que significa estudio, saber, tratado. Repasen de nuevo esta somera etimología. He seleccionado intencionalmente esta explicación abierta y poco precisa para hacer más visibles las relaciones intrínsecas entre la tecnología y el arte. Como podrá observar el lector, ya desde el mismo nacimiento del vocablo, la palabra arte está presente. Estamos de acuerdo en que esta acepción se refiere a arte como destreza o capacidad, pero no nos aferremos tanto a la precisión del lenguaje y permitámonos jugar un poco. En la actualidad, la palabra tecnología tiene un uso bastante limitado por parte de la sociedad. La relacionamos quizás solo con un celular, un dron  o con el omnipresente símbolo de la manzana mordida, en resumen, con objetos funcionales que usamos cada día. Obviemos por un momento estas asociaciones, quedémonos con los significados de técnica y conocimiento.
 
Efectivamente, la técnica en sí no tiene por qué tener una relación directa con lo material. Existen técnicas de estudio, técnicas artísticas o técnicas de relajación que conllevan una destreza, la aplicación de un saber, pero cuya finalidad no tiene que ser forzosamente la producción material de un objeto. Respecto al conocimiento es evidente que no tiene por qué tener un sentido material, a muchos nos bastaría solo con ser felices aprendiendo. Desvelado este matiz, preguntémonos ahora: ¿Es posible que un avance tecnológico que busca un rédito económico y útil acabe contribuyendo a un fin moral, humanista o artístico? Mi respuesta es sí. Estoy tan seguro de ello como de que la historia del arte está plagada de episodios desconectados de la propia voluntad artística que han acabado no solo contribuyendo en ella sino cambiándola por completo. Lanzada esta hipótesis no me queda más que revisar algunos de esos momentos en los que tecnología y arte son indisociables. He elegido cuatro de ellos sin pretender establecer un ranking o dar a entender que son imprescindibles, pero creyendo que son suficientemente ejemplares de la afirmación que me he propuesto defender.

I. La máquina universal



Hasta la década de los 50 del siglo XV, la difusión de la cultura tenía un serio problema, hacer copias de los escritos suponía un trabajo duro, lento y en consecuencia muy caro. Los monasterios cumplían además de la función espiritual una función perpetuadora, los monjes reproducían con la mayor exactitud posible los signos que en ocasiones no sabían ni leer. Esta circunstancia, entre otras, limitaba la capacidad expansiva del saber. No era ya que la mayoría de la ciudadanía fuera analfabeta, sino que además aquellos que tenían la oportunidad de hacer progresar su sociedad tenían muchísima dificultad para poder contrastar sus ideas con otras que pululaban por el mundo. La imprenta de Gutenberg no fue la primera maquinaria de tipos móviles, pero si podemos definirla como la primera imprenta moderna.

Johannes Gutenberg, hombre incansable y obseso de la perfección invirtió ingentes cantidades de horas en experimentar las distintas calidades tipográficas que podía alcanzar con la creación de una nueva maquinaria. Su trabajo de investigación, del que no tenemos más noticias que las que se desprende de un proceso judicial en Estrasburgo, revela una búsqueda incansable de la eficacia mecánica pero sin descuidar el aspecto artístico, las obras resultantes debían ser bellas. Éste, seguro de hacer fortuna acabó endeudándose, el largo proceso de producción que requirió su imprenta le condenó a la bancarrota y a la persecución de sus deudores hasta casi la muerte. Sin embargo, esta injusticia sería paliada históricamente gracias a las consecuencias de su invención. La imprenta, objeto tosco y mecánico, se convirtió en la médula espinal de la difusión de las ideas humanistas. La belleza y el saber serían ahora capaces de propagarse por Europa mucho  más fácilmente que antes, y con el paso de los siglos lo harían por todo el mundo. Los artistas podrían compartir y enriquecerse con las aportaciones de otros creadores a los que nunca tendrían la oportunidad de conocer. Uno de los ejemplos más tempranos fue Durero, quien no dudó en utilizarla para difundir sus obras. También tenemos ejemplos en la arquitectura, los grandes tratados de Vitrubio, Serlio y Palladio se convertirían en manuales indispensables para cualquier arquitecto gracias a la accesibilidad que permitieron las ediciones impresas. Este flujo de cultura sigue sin detenerse hasta el día de hoy. Probablemente la evolución de la historia del arte distaría de ser tal y como ha sido gracias al empeño de Gutenberg que creyó dejarnos solo un objeto pero nos regaló la inmortalidad del conocimiento.


Si quereis disfrutar del artículo al completo, la hemos publicado en Circulo A

José Antonio Chacón Núñez

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Titulo: Kumara
Autor: Man o Matic

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