Crítica: La necesidad de la ilusión

Por José Antonio Chacón Núñez. // 17/08/15

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Imaginen que tienen la suerte de contemplar la bahía de Halong, un paraíso, cada vez más explotado turísticamente, en el que agujas pétreas surgen de la profundidad del océano y casas deambulan bailando al son del agua. Pero, al mirar de manera más precisa, caen en la cuenta de que, alguna de esas arquitecturas flotantes son distintas a las demás, tienen un aspecto más contemporáneo, casi futurista, sus siluetas cortan el cielo en aristas y sus volúmenes poligonales se superponen entre sí.

¿Están soñando? ¿Es todo una ilusión? Para nada, esta instantánea es real, al menos en la mente de un artista. Probablemente no vaya a hacerles descubrir quién es Dionisio González en el mercado artístico contemporáneo. Seguro que tienen en la retina alguna de sus imágenes. Aún así, siempre es un placer volver a dejarse seducir por su reflexión y bucear en sus obras. Dionisio es un arquitecto de conceptos y de reflexiones, un artista poliédrico, que tiene como compás la libertad y como lápiz la provocación. De hecho, en sus entrevistas, recalca la importancia de sentirse libre para poder expresarse, aquí no hay constructores millonarios a los que complacer, ni medio que privilegie, todo está al servicio de la idea. Por ello sus propuestas resultan impactantes, a veces sacadas de un mundo paralelo, nadie puede negarlo.

Pero incluso lo son más los espacios en los que desarrolla sus planteamientos. A priori, no hay ninguna conexión entre ellos : Venecia, Bahía de Halong, Dauphin island,Busan ... No obstante, todos son lugares en los que los conceptos de creación y destrucción, ruina y habitabilidad entablan un diálogo continuo. Estos elementos son muy evidentes en el ejemplo de Dauphin Island, en el que el artista confiesa que quedó impresionado por las estructuras palafíticas que la pueblan y que representan la resistencia del ser humano ante la destrucción cíclica del océano que se las traga. Tampoco es difícil ver la decadencia en una ciudad como Venecia, que además de ser engullida por las aguas, lo es y en mayor medida por el turismo. Pero es en los proyectos de Favelas y Busan donde la mirada de Dionisio toma un compromiso social indiscutible. Apiladas, símbolos de la miseria en la que viven estas comunidades, desprotegidas de la indiferencia con la que son castigadas por parte de las administraciones, las favelas reflejan, por encima de todo, un modo de vida, una realidad social.



Vista del stand de la galería Yusto&Giner en Art/Marbella.

Dionisio González, aboga por comprender el contexto social y natural en el que se desarrolla la arquitectura, e intervenir en él. Usando técnicas de tratamiento de imagen digital, integra asombrosamente sus proyectos en la imagen “real“ planteando un juego de realidad­ficción y proponiendo espacios habitables, acordes con el medio. El hormigón sustituye a la débil madera, el movimiento al hieratismo de las líneas perpendiculares, las arquitecturas conviven componiendo una imagen de lo que no es, pero puede llegar a ser. El espectador acaba sumergido en la belleza de la propia instantánea y de las ideas con las que transforma el lugar. Se puede estar en más o en menos sintonía con las propuestas de Dionisio pero no se les puede restar ni un ápice de honestidad y compromiso.

Poesía visual, manifiesto arquitectónico contra un mundo frío y desarraigado

José Antonio Chacón Núñez.

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Titulo: Kumara
Autor: Man o Matic

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